martes, 12 de junio de 2018
El mito: historia y explicación sagrada
Mito -en griego mythos- significa sencillamente relato, narración. Pero los mitos, en la actual acepción de la palabra, son relatos o narraciones muy peculiares, que, en cuanto a contenido inmediato, refieren gestas y sucesos acaecidos en un tiempo remoto, inmemorial y protohistórico, y que, si atendemos a su significado, tratan de esclarecer, interpretar y dar sentido a la condición humana sobre la Tierra, y, a veces, de explicar el curso de la historia o el curso natural del mundo físico.
El tiempo mítico es anterior a la cronología y a la historia. Precisamente el mito cumple la función de empalmar lo sagrado extratemporal con la historia real. Los hechos sucedidos suelen conocer muchas versiones; los mitos, en consecuencia, pueden ser contados de maneras diferentes, sin que, además, ninguna de ellas pueda reclamar ser la única auténtica. En el mito egipcio de Osiris, por ejemplo, hay versiones donde el dios Sol apoya a los enemigos de Osiris y las hay donde éste se identifica con la divinidad solar. Las versiones contrapuestas corresponden con los intereses de sendos grupos sociales de poder. Concretamente, para el caso de Osiris, su fusión final con un dios solar responde al compromiso que los sacerdotes palaciegos, encargados del culto al sol, se vieron obligados a aceptar con el culto mistérico de la muerte y resurrección. A ese culto se ordena, como sentido último, el mito de Osiris: asesinado por su hermano Set, su esposa Isis peregrina en busca de los fragmentos del cadáver, y los busca con tan grandes lamentos que el dios Ra envía a Anubis, médico de los muertos, para que lo devuelva a la vida. De su redivivo esposo, Isis concibe un hijo, Horus, representado en la Tierra por el faraón o por el sacerdote. En cuanto a Osiris, será siempre, aunque resucitado ya, el juez y señor del país de los muertos.
Los mitos tienen a veces un valor ejemplar, de modelo. Cuentan los hechos de los héroes y de los dioses para que los hombres hagan otro tanto. "Debemos hacer lo que en el comienzo hicieron; los dioses", dice el Satapatha Brahmana, escrito sacerdotal de los siglos VII a X a. de C. Otras veces, por el contrario, el hecho mítico es un hecho culpable, que precisamente da razón de la condición humana en sus aspectos más frustrantes de enfermedad, dolor y muerte. El mito israelita del pecado original, que presenta a los primeros padres comiendo de una fruta prohibida para llegar a ser como dioses, y el mito griego de Prometeo, que les roba a los dioses su secreto supremo del fuego, coinciden en atribuir el origen del mal en el mundo a la soberbia de los hombres, a la voluntad humana de autodivinización. Son en eso relatos etiológicos (aitía = causa) , explicativos de las causas de los males que los hombres tan duramente padecemos.
Pero el mito, más que explicar o dar razones, interpreta, da sentido, confiere significado a la vida humana, enlazándola con la vida de los héroes y de los dioses y, en definitiva, con el cosmos. El mito, como dice Ricoeur de todo símbolo, da que pensar, hace pensar. Es un punto de vista sobre el Universo que sitúa al hombre en un horizonte cósmico de valor y de sentido.
Sólo la razón crítica descubre el mito como mito, es decir, como distinto de la verdad histórica. El hombre religioso, en tanto que inmerso en una representación mítica del mundo y de la sociedad, no percibe al mito como distinto de la historia o de la verdad; antes al contrario, el mito para él es la más verdadera y real de las historias. Los mitos constituyen la poética y la épica del hombre religioso. No hay religiones sin mito. Pero, en cambio, hay mitos fuera de la religión, mitos laicos, y los hay hasta el punto de que el pensamiento mítico puede ser interpretado -y así lo hace Lévi_Strauss- como un artificio de descripción y clasificación de las cosas del mundo, y no como mentalidad específicamente religiosa. De la mitología profana de nuestro tiempo ha hecho certeros análisis Roland Barthes. Hay también mitos de los científicos, como el del asesinato del padre primitivo, supuesto y propuesto por Freud como explicación de la universalidad de la prohibición del incesto. Acaso la ciencia sea, además, el gran mito de la época moderna, con lo que se cumpliría la hipótesis de Durkheim de que si la religión fue la ciencia de una sociedad sin ciencia, ésta última puede venir a ser la religión de una sociedad sin religión.
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